Actualmente vivimos en una sociedad que se encuentra en constante cambio. Con ello, se encuentra la demanda de una mejora al sector educativo y en especial en la calidad de la formación del docente. Para que logre responder de forma eficaz a los cambios socioculturales.
Un punto relevante es el uso que hace el docente de los medios y recursos para alcanzar su propósito planteado. En especial la implementación de las Nuevas Tecnologías de información y la comunicación. De acuerdo con A. Díaz Barriga (1984), “esta visión de la tecnología educativa, penetra sensiblemente las instituciones educativas en México y América Latina durante las décadas de los 60 y 70, particularmente en aspectos como la elaboración de planes y programas de estudio, la evaluación del aprendizaje, la capacitación de docentes y en la organización académico-administrativa de los sistemas escolares”. Con ello podemos darnos cuenta que este tema de tecnología ha partido de años atrás y que gran parte de hacer uso de ellos recae en el profesor como el principal elemento del sistema.
Para que el docente se encuentre en ventaja y en vanguardia, ante los desafíos de la educación actual, es necesario que este se encuentre en una formación activa y continua, iniciando con dicha formación durante sus estudios y después de alcanzar su titulación. Así mismo esta formación se encuentra jerarquizada de la siguiente forma:
Formación inicial.
Formación inicial del profesorado de secundaria. Esta formación le corresponde a las universidades y a los departamentos de las facultades de educación.
Formación inicial del profesorado de primaria y la licenciatura de pedagogía. Esta formación es brindada en nuestra educación previa a una titulación específica. “La enseñanza de la asignatura de Nuevas tecnologías aplicadas a la educación conlleva dos conocimientos, el saber “cómo se hace” y el “saber hacerlo”. El primero es de orden conceptual, el segundo pertenece necesariamente al ámbito de los procedimientos. Consideramos importante que los futuros enseñantes dispongan de estos dos conocimientos, de un pensamiento coherente y asentado sobre qué cosas pueden hacer y cómo en sus aulas con las Nuevas Tecnologías; e igualmente, y en la medida de las prioridades, posibilidades, intereses, etc., un conocimiento práctico. (Cabero, 1988; Salinas, 1991; Bautista, 1994)”.
En la actualidad es necesario tener estas competencias para tomar decisiones que permitan mejorar el proceso de enseñanza – aprendizaje y al mismo tiempo ser capaces de considerar una mejora en nuestra formación, es por eso que al adquirir una titulación es necesario que como docentes continuemos con nuestra formación a ésta se le considera como una:
Formación permanente
Formación permanente en los niveles no universitarios: los imparte los centros de profesores y de recursos, los cuales son los encargados de habilitar a los docentes que nos encontramos en servicio.
Formación permanente del profesorado universitario: “La LOGSE establece que la formación permanente es un derecho y una obligación de todo el profesorado”. Sin embargo, muchas veces esta formación se ve afectada cuando las instituciones públicas encargadas entre sí difieren, ya que cada una tiene forma de administrarse diferente, lo que las conlleva a una descentralización, produciendo una ruptura en la formación.
Otras instituciones y servicios de formación. Asociaciones, colectivos o instituciones privadas, como los colegios oficiales, movimientos de renovación pedagógica, sindicatos de profesores, etc. Se encargan de la formación permanente con lo que respecta a las Nuevas Tecnologías. Pero en estos tiempos un medio de comunicación que contribuye a esta formación es la televisión con programas dirigidos a nuestra labor docente. Me atrevo a señalar que una fuente con gran auge en la actualidad es el uso del internet siempre y cuando sea con fines educativos, pues en este medio se puede encontrar con infinidad de programas que como profesores nos corresponde realizar una investigación, para encontrar aquellos programas que nos permitan mejorar nuestros procesos educativos, dígase antes de la enseñanza (planeación), durante el proceso de enseñanza y después (Evaluación).
Sin embargo, esto no sería posible si el docente se cierra en una mentalidad de rechazo a estos cambios. Es por eso, que debemos encontrarnos en algunas de estas fases de formación permanente pues ya contamos con la inicial, ahora dependerá de cada docente actualizarnos y renovarnos, al mismo tiempo implementar estos recursos en nuestras prácticas diarias. Según Castaño (1994: 410): “se ha comprobado que las actitudes hacia las Nuevas Tecnologías son más positivas cuanto antes se introducen en la información y cuanto mayor respuesta ofrecen a los verdaderos problemas del aula”. La aplicación de esto traerá consigo beneficios como: la clase se motivará, contribuirá con los diferentes ritmos de aprendizaje, enriquecerá la colaboración, tendrán la oportunidad de acceder a una gama de información, entre otros. Pero solo se logrará cuando los docentes que no se atreven aún a manejar en el aula todos los recursos tecnológicos los apliquen. Tal vez no se encuentre al alcance de nuestros alumnos; pero si al alcance del docente que debe brindar estas oportunidades, para darle al alumno una educación que le permita enfrentarse a la sociedad que actualmente demanda generaciones futuras competentes.
Por ello, docentes que nos encontramos preparando a las futuras generaciones es necesario encontrarnos en una formación permanente que nos permita mejorar y enriquecer cada día nuestra práctica. Aunque también he de señalar que nos encontramos en esta formación; puesto que ahora, tomamos la decisión de estudiar la maestría en Desarrollo Educativo, por eso les invito a que apliquemos lo aprendido en nuestras aulas.